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La Segunda Guerra Negra Capítulo 10: El Rayo de Luz

Sinopsis:

Una vez se despiertan, Kletus y Preta se dirigen hacia la plaza de las luciérnagas con la intención de completar su contrato.

Capítulo:

Tenía ganas de que esto ocurriese, Preta y Kletus también, aunque no lo hayan admitido en público, les ha gustado dormir juntos. Pensaba que Preta soñaría con Kletus, pero volvió a entrar en la Nada. Y esta vez era yo el que quería hablar.

Buenas Preta, ¿Estás preparado para tu primera pesca?

– No… No sé que puedo hacer, ni cómo podría ayudar a Kletus. No lo quiero decepcionar…

Es una posibilidad… Pero eso no hace que vuestra historia sea mala. Al contrario, la hace más interesante. Aunque no es el tipo de historias que suelo ver… Y con lo que habéis practicado hoy, todo apunta a que lo cumpliréis.

Supongo… Creo que lo mejor es hacer lo que me dijo, yo distraigo y él roba. De esta manera seguro que le conseguimos robar sin que se entere.

¿Entonces no te atreverás a hacerlo? Después de haber entrado en una casa que no es tuya, haber falsificado cuentas y haber visto lo que has visto, ¿no te atreves a robar?

No… Creo que es mejor practicar antes con gente que no tiene nada que ver con el Grupo Sombra, así si me descubren no me relacionarían.

¿De verdad crees que sí te pillan robando no te van a relacionar con el gremio de ladrones más grande del reino? Es un pensamiento muy estúpido… y también muy inútil.

Tus «padres» murieron a causa del Grupo Sombra. ¿Por qué vas a protegerlos?

Pues porque son lo más parecido que tengo a una familia ahora… No sé que opciones tengo si no estoy con ellos… No tengo nada más.

No te sientas mal contigo mismo, eres el único que ha conseguido entrar aquí Preta. Nadie antes había conseguido hablar conmigo por voluntad propia y eso te hace ser de los más importantes. Siempre era yo el primero en hablar.

Ha habido muchas personas que han intentado hablar conmigo y nunca han recibido respuesta. Moh, por ejemplo, él era el peor de todos. Nunca le hablé y se atrevió a hacerse pasar por mi voz en vuestro mundo… Suerte de que Kletus lo mató. No hacía ningún bien a la historia.

Preta se quedó en silencio unos momentos, intentando entender lo que le acababa de decir.

– Entiendo lo que has dicho. Lo que no termino de entender es quién eres y sobre todo, cómo consigues hablar conmigo de esta manera.

Soy Zolock… El creador de este mundo y esta historia. El dios de la Nada con el cual Moh se ganaba la vida. Y el cual ahora mismo está viendo y disfrutando de tu historia.

– Preta, despierta. Deberíamos comer algo e irnos cuanto antes. – Dijo Kletus, haciendo que Preta se despertase.

Preta abrió los ojos y miró desconcertado hacia los lados. Aún tenía en mente nuestra conversación y quería acordarse de toda ella. Pero al pasar los segundos esta se fue borrando, dejando recuerdos inconsistentes y una sensación de vacío.

Kletus y Preta salieron de la guarida del Grupo Sombra y se dirigieron hacia el azul ebrio. Allí pidieron unos platos simples para comer y poder salir a completar su contrato.

– Te noto raro. ¿Estás bien? – Preguntó Kletus.

– Si, si… Es que he tenido un sueño raro. Aunque ya no me acuerdo del todo… En el sueño hablaba con alguien, creo que es alguien importante, aunque no llego a saber quién es, ni por qué motivo es importante. Pero bueno, es un sueño simplemente.

No le dieron importancia y continuaron comiendo. Preta miró alrededor mientras saboreaba la poca comida que le quedaba en el plato. El recinto estaba vacío a excepción de Kletus, el posadero y él. Había una gran hoguera en el centro, la cual estaba rodeada de mesas con bancos de madera y unas pocas puertas que daban a las habitaciones. En la pared opuesta a la entrada, se encontraba una pequeña barra con unas escaleras a un sótano donde el posadero cocinaba.

– ¿Cómo es que hay tan poca gente? – le preguntó Kletus al posadero.

– Han montado algo en la plaza de las luciérnagas, un espectáculo. Todos están ahí.

Preta le lanzó una mirada suplicante a Kletus y este aceptó con una sonrisa:

– Iremos tranquilo. Seguramente nuestro pez también esté allí. – Intentó sonar gracioso.

Preta le miró con una cara extraña, y se levantó a pagar al posadero.

– Vamos, te lo pago y ya otro día me invitas tú.

Abrieron la puerta y un gran bloque de frío y viento chocó directamente contra ellos e incluso con sus uniformes que estaban forrados, el frío les entró en sus huesos. Kletus intentaba soportar el frío, pero no podía aguantar tanto cómo Preta. A los minutos de estar caminando empezó a tiritar.

– Ven aquí que tú no tienes tanto aguante para el frío cómo yo y los otros Orgalcs. – Dijo Preta pasando un brazo por su hombro.

Al rato llegaron a la calle asfaltada, les quedaba poco para llegar a la entrada de la ciudad, y del mercado. Y antes de eso, Kletus paró:

– Ahora puedes aprovechar. En el mercado hay mucha gente, es fácil esconderse y que no sepan quién ha sido el ladrón. Aprovecha y práctica.

Preta le miró inseguro, pero asintió con la cabeza, entonces se dirigieron hacía la muchedumbre que tanto ruido hacía en el mercado.

Sorprendidos, vieron cómo la gran entrada de la ciudad estaba completamente chapada. Y los guardias se encontraban custodiándola de los ciudadanos que querían salir.

– ¡Son órdenes directas de Yulo! Estamos en una maldita guerra y está es la mejor manera para protegernos ahora mismo. – Gritó uno de los guardias.

– Y también es la mejor manera de encerrarnos a todos para una gran masacre… – Susurró Kletus. – Vamos, no necesitamos salir ahora, recuerda lo que te he dicho.

Siguieron caminando, Kletus se separó un poco y se dirigió hacía un pequeño grupo de ancianos que paseaba tranquilamente. Les estuvo siguiendo y le hizo señas a Preta con la mano. Se acercó a él y pararon, dejando que los ancianos se alejasen un poco.

– Ves a por el jorobado. Tiene una pulsera que no está nada ajustada. – Preta le miró asustado, pero asintió.

Se acercó poco a poco hacia el hombre que le había indicado, mientras Kletus le adelantó y se acercó más a ellos. Cuando la muchedumbre fue aumentando, Kletus chocó contra el grupo de ancianos y empezó a gritarles, pareciendo enfadado:

– ¡Tengan más cuidado, vejestorios! ¿Es que ya han perdido la vista o qué?

Todos lo rodearon y fijaron su atención en él y empezaron a recriminarle. Todos, excepto el jorobado, el cual parecía tener miedo de Kletus.

– ¡Serás desgraciado! ¿¡Cómo te atreves a hablarnos así?! ¡Ten un poco más de respeto por tus mayores! – Le gritaban.

Preta se acercó por detrás, vigilando cada movimiento de su presa, este se colocó con las manos a la espalda, viendo cómo sus amigos insultaban al que para él era tan solo un chaval. Cada vez estaba más cerca, y podía ver mejor la pulsera que le había comentado.

– ¿Y tú qué jorobado? ¿Dejas que tus esbirros vengan a por mí, pero te quedas ahí atrás, verdad? – Gritó Kletus acercándose a él. – ¡Cobarde!

Al insultarle, le cogió del hombro izquierdo, y la expresión de terror del hombre fue a más. Sus manos se separaron y Preta vio cómo su pulsera se movía fácilmente. Antes de que el hombre empujara a Kletus, este ya había perdido su pulsera.

Juntos salieron de ahí corriendo, ya habían llamado mucho la atención y la adrenalina les corría por las venas sin cesar. Se pararon a descansar en una esquina, antes de llegar a la plaza, y allí se sentaron exhaustos por la carrera repentina.

– Buena distracción. – Comentó Preta riendo. – Aunque creo que es mejor que la próxima vez cambies de táctica.

Ambos rieron hasta quedarse sin aire y estuvieron un rato sin hablar, mirando el cielo nublado, y escuchando la música tranquila que venía de sus espaldas. La gente no paraba de caminar, dirigiéndose hacía aquella melodía, y muchos ni se daban cuenta de que Kletus y Preta estaban allí.

– ¿Aprovechamos esta distracción?

Kletus miró sonriente y asintió. Fue el primero en levantarse y le tendió la mano para ayudarle. Al estar levantado, Preta miró hacia la plaza y vio cómo todos los participantes, la mayoría de ellos humanos, rodeaban a la cantante que no se encontraba en el escenario. La canción sonaba en los oídos de todos, y los hipnotizaba atrayendo toda su atención.

– Preta, mira, nuestro pez se encuentra allí. – Señaló con cuidado. – Está embobado con la cantante, aprovecha.

Asintió y se acercó hacia él. Tal como Kletus le había comentado, toda su atención se centraba en la cantante de voz melódica. Preta no quiso mirarla, estaba completamente centrado en su presa. Vio rápido su objetivo rojizo, colgado del brazo derecho. Se acercó a él, pensando en que manera podría distraerlo y decidió probar una táctica similar a la que utilizó la noche anterior con Kletus.

Chocó a propósito contra el brazo izquierdo del Orgalc y se lo cogió disculpándose.

– Perdone, no quería hacerle daño. ¿Se encuentra bien? – Le preguntó mientras presionaba su brazo izquierdo para robarle.

Al ver a Preta, el Orgalc se quedó pasmado, con un rostro de incertidumbre completo.

– N… No. Tranquilo, estoy bien.

La cantante alzó la voz y todos se giraron para verla mejor. Todos excepto Preta que había conseguido su objetivo. Se dirigió hacia Kletus, que se encontraba fuera del círculo creado por los ciudadanos, embobado al igual que los demás.

– ¿Qué ocurre? – Preguntó.

Kletus señaló a su espalda y este se giró rápidamente. Después de años en la oscuridad, por fin volvió a ver un rayo de luz que venía del cielo e iba a parar directamente hacía la cantante.

Un rayo de luz que lo cegó por su belleza. Un rayo de luz que lo puso en peligro.

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