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La Segunda Guerra Negra Capítulo 9: La Pesca

Sinopsis:

En este nuevo capítulo, le encargan a Preta un trabajo de Pesca. A causa de lo que acaba de vivir, y de su miedo, decide entrenar con Kletus.

Capítulo:

Al escuchar su explicación, Preta quiso saber más, quiso ser él quién encontrase la llave, pero Imbiz y Ozk se negaron rotundamente.

– ¿Cómo te atreves a pedirnos esto después de haber cumplido una sola misión? Una misión que a saber si se hubiese cumplido si el objetivo no hubiese muerto… – Comentó Ozk.

Preta bajó la mirada avergonzado.

– ¿Y entonces, que debo hacer?

– Ves al gimnasio y busca a Vik. Que te dé otro contrato. ¡Venga, vamos! – Terminó gritando Imbiz.

Preta se giró deprisa y se fue mientras escuchaba cómo Imbiz y Ozk rumoreaba algo que no llegó a entender.

Cuando llegó a la entrada del túnel secreto, tiró de una palanca que abrió la puerta y entonces se dirigió al gimnasio. Preta debería haber comprobado antes que no hubiese nadie en la sala principal mirando desde el agujero que habían creado para tal propósito, al no hacerlo tuve que ordenar a todos los que volvieron a marcharse para que no viesen la entrada secreta.

Quizás sea hora de hablar de una vez con él… No puede ser que sea tan despistado, o peor aún, no puede ser que le dé tan poca importancia a estos detalles.

Preta se dirigió hacía el gimnasio y se encontró allí con Vik, estaba hablando con Kletus:

– ¿Entonces el trabajo de pesca es en el mercado? – Preguntó Kletus mientras Vik le asentía. – ¿Cómo le puedo…? ¡Preta! ¿Cómo te ha ido con los jefes? – Cortó él, entusiasmado al ver a Preta.

– Me han pedido que venga a buscar algún trabajo… Perdón, no quería cortaros.

– Tranquilo… Justamente le estaba encargando un trabajo de pesca a Kletus. La víctima es un Orgalc, deberías ir con él, hacéis buen equipo.

– ¡Perfecto! – Exclamó Kletus. – ¿Cómo lo reconocemos?

– Tiene un pelo similar al tuyo, Preta, aunque los ojos son completamente negros. Además no es de tu edad, deberá tener 10 años más cómo mínimo.

– ¿Y qué hay que quitarle? – Preguntó Preta.

– Normalmente lleva una pulsera de metal fino, tintada de color rojizo.

Ambos aceptaron y asintieron con la cabeza, y entonces se dirigieron hacia las habitaciones.

– Es tarde, mejor vayamos a dormir y mañana nos ocupamos del trabajo. – Comentó Kletus de camino.

Llegaron a la habitación, la cual volvía a estar vacía, ni siquiera Kyro se encontraba allí. Ambos se estiraron en una cama distinta, pero ninguno podía dormir.

– ¿Tienes algún plan para el trabajo? – Le preguntó a Kletus.

– Pues se me ha ocurrido que podrías hablar con él, distraerlo y yo lo robaría.

– ¿Y crees que podrás?

– ¡Claro que sí! – Respondió Kletus intentando sonar ofendido. – ¿Sabes cómo ser un carterista?

Preta le negó avergonzado.

– Consigo coger algunas cosas en los maniquís sin que suenen las campanas, pero me da mucho miedo llegar a coger algo de alguien. ¿Cómo voy a saber si se enteran o no? No puedo saberlo… Y el hecho de que no lo sepa va a hacer que falle y que me pillen.

Kletus le miró con una cara triste, se levantó, abrió el baúl de su cama y se cogió una pulsera que había en él.

– Ten, ponte esta pulsera y te explico cómo funciona. El único problema que veo aquí es que debes quitarte el miedo de encima.

Preta, se colocó la pulsera en su mano derecha y esperó intranquilo a ver cómo actuaba Kletus.

– La base de esto es centrar la atención en otro lugar, mientras tu te ocupas de lo que te importa de verdad. – Empezaba a explicar mientras le cogía de la mano izquierda. – Veo que tienes la mano muy suave… No has tenido ningún trabajo manual, ¿verdad?

– N… No… – Respondió ruborizado. – He estado trabajando en una tienda de joyas que fue abandonada.

– ¿Y vendías pulseras como estas? – Preguntó Kletus mostrando la pulsera que se había colocado Preta.

Preta miró rápido su muñeca derecha comprobando que realmente estaba vacía. Sorprendido, sin creerse lo que acababa de ver y le insistió que le enseñase.

Kletus río al ver su reacción, y se colocó él la pulsera.

– Hazlo tú ahora. Simplemente quita la pulsera de mi brazo.

Dudando, Preta acercó su mano hacía la pulsera y Kletus le apartó de repente.

– ¿Pero qué crees que haces? – Preguntó con una voz forzada, aguantando la risa.

Preta, confundido, le preguntó qué ocurría.

– No puedes coger la pulsera sin más. Si lo haces así la gente se dará cuenta. – Le contestó casi riendo. – Cómo te he dicho antes, debes llevar su atención a otro lado, y te aconsejo una cosa, si haces presión en una parte del cuerpo, le costará más notar la otra donde le estés robando.

Con su explicación, estuvieron repitiendo el entrenamiento durante mucho rato, teniendo cada vez más contacto, acercándose cada vez más, siendo cada vez más cercanos.

– Vaya, ¿qué tienes aquí en el brazo? – Preguntó Preta cogiéndole el brazo izquierdo a Kletus.

– Nada…. Creo… – Miró extrañado sin ver a que se refería.

– Nada, me he confundido, pensaba que había visto tu pulsera en él. – Le contestó Preta con la pulsera en la mano.

Preta esperaba ver una cara de duda en Kletus, pero vio una de emoción y alegría.

Kletus saltó encima a abrazarlo y a felicitarlo por haberle robado y la fuerza hizo que cayesen los dos en la cama.

– Gracias por esto. – Dijo Preta mirando los ojos de Kletus. – No sé que sería de mí sin ti.

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