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La Segunda Guerra Negra, Capítulo 6: El Carnicero

Sinopsis del capítulo:

En este Capítulo, Preta se enfrentará a su primera de las muchas misiones oficiales dentro del Grupo Sombra. ¿Podrá ejecutarla bien?

Capítulo:

Pasaron las horas allí sentados, conociéndose mejor, acercándose cada vez más, hasta que Preta le preguntó sobre la Mezquita:

– ¿Cómo puede ser que la base oculta del Grupo Sombra esté en la Mezquita de Zolock? Aún no me lo explico.

Kletus le miró triste, recordando la época cuando empezó la guerra…

– Eso… Bueno, supongo que no pasará nada porque lo sepas… – Comentó. – Cómo te dije, yo viví una gran parte de mi infancia reprimido en el orfanato Media Luna. Allí tuve que hacer algo horrible para sobrevivir… Y al final, cuando empezó la guerra entre ciudades… Yuna me abandonó aquí. Me dejó con Moh, el Zok de la Mezquita. Era un excéntrico que realmente creía que podía hablar con él… Realmente creía que hablaba con Zolock. Y tú has tenido más contacto con el Dios de la Nada en esos segundos que estuviste en el cementerio que él en toda su vida.

–¿Viviste con Moh? ¿Qué fue de él? – Preguntó con admiración.

Kletus lo miró seriamente, y habló con franqueza:

– Murió. Yo le maté con una hoja oculta cómo la que tienes. – Preta se sorprendió por la pasividad de sus palabras. – Era un extorsionista, un maníaco, me utilizaba para robar a sus seguidores y asustarles para que viniesen a su Mezquita. Si no hubiese sido por Imbiz, aún seguiría siendo su esclavo.

Kletus miró la sorpresa en el rostro de su nuevo amigo, y continuó hablando:

– Por aquel entonces, el Grupo se escondía en el Bosque Berror, y eran pocos, yo fui de los primeros en entrar. Cuando recibí la hoja oculta, no dudé en venir aquí. No podía permitir que ese engendro continuase con vida… – Miro la cara asustada de Preta y se rectificó. – No lo digo porque fuese un Orgalc cómo tú… Él era mala persona, no merecía seguir vivo. Cuando encontraron su cadáver en las alcantarillas los Orgalcs dejaron de venir. Ahora ya solo estamos nosotros.

– Recuerdo cuando mis padres me contaron la noticia… A ellos nos les gustaba que fuese a la Mezquita, pero yo iba igualmente, escuchaba los discursos épicos de Moh, me creía sus cuentos… Cuando pasó, yo también dejé de ir. Supongo que no es bueno saber cómo son realmente tus héroes…

– ¿De cuchicheo con los novatos Kletus?

Ambos alzaron la vista hacia la voz y vieron aparecer a una orgalc de pelo rojizo y ojos azules.

– Buenas Vik. – Saludó Kletus. – Le había enseñado un poco la sala de entrenamiento y ahora estábamos descansando.

Vik miró los brazos de Preta y sonrió:

– Veo que ya te han dado uno de mis juguetes. Aprovéchala bien, costó mucho tiempo y esfuerzo crearla.

– ¿Tú creaste esto? – Preguntó sorprendido.

– Lo repliqué realmente. Cuando Lard y Bry encontraron la pulsera de las violetas y vieron su potencial decidimos que no podía ser la única. Pero basta ya de cháchara, seguidme, hay faena.

Los dos la siguieron hasta la sala circular, y allí les mostró un papel.

– Hoy nos han llegado bastantes contratos. He hablado con Ozk e Imbiz y parece que están de acuerdo en que te deje hacer tu primera misión en solitario. – Le dijo ella a Preta. – ¿Te han explicado cómo van las misiones?

Preta negó con la cabeza esperando que Vik le quitase las dudas.

– ¿Qué le has estado explicando? – Le preguntó a Kletus mientras este se apartaba excusándose. – Mira, desde que nos ampliamos recibimos muchas más misiones, por ello hemos decidido clasificarlas, tenemos a gente que solo trabaja clasificando los distintos trabajos que recibimos, las categorías son las siguientes, acuérdate bien, ya que no te lo repetiré:

  • Limpieza: En los trabajos de conmoción, debes entrar en la casa de la víctima y robarle cuantas más cosas y de más valor mejor. Los clientes que suelen pedir estos trabajos quieren vengarse y hacer que su enemigo lo pierda todo.
  • Trabajos de Pesca: Estos suelen ser puntuales, pero pagamos un precio extra si se hacen bien. En ellos debes robar un objeto que normalmente la víctima siempre lleva encima. Aquí las habilidades de carterista son esenciales.
  • Contabilidad: Este está dirigida hacia los negocios, debes colarte en un negocio para modificar el libro de cuentas del mismo, una vez hecho, avisa a los guardias de una estafa y dales su dirección. No debes robar nada, ya que si lo haces dejarías pruebas de que alguien ha entrado ahí y podrían llegar a imaginar que también han cambiado los números.
  • Anzuelo: Este es mi preferido, en él debes poner un objeto robado en el bolsillo de la víctima y avisar a los guardias para que lo capturen. Suelen ir dirigidos a comerciantes, pero también hay muchos casos personales.

Preta quedo sorprendido por la cantidad de trabajos que había, y eso que Vik no se los contó todos…

– ¿Y cuál sería mi primera misión? – Preguntó ansioso.

– No te emociones, acabas de empezar, será una simple de contabilidad. Debes ir a la carnicería de Sloan y modificar su libro de cuentas. Al parecer le está yendo demasiado bien en su negocio, haz que su libro solo marque la mitad de los beneficios en cada mes. Así cuando los guardias vayan y vean que tiene más dinero del que hay apuntado lo acusarán de fraude y si no tiene contactos acabará en prisión.

– ¿Cuánto cobraré por ello?

Vik lo miró con descaro al escuchar su pregunta.

– Primero haz la misión, y después ya hablaremos de números… Aún es de día, así que te recomiendo que te recomiendo que duermas un poco hasta la noche.

Miró a Kletus, preguntando dónde podía dormir y este lo llevó hasta allí. Volvieron otra vez hacia el gimnasio, en la primera sección donde vio correr a Kletus, y vio cómo este abría una puerta que en su momento, Preta pensó que era falsa.

– Son pocos los que se quedan aquí a dormir, pues la mayoría tienen ya sus propias casas en las que tienen su “negocio” con el que puedan blanquear el dinero que ganan aquí. Aunque en los días de más trabajo sí que suele estar bastante lleno.

Cruzaron por un pasadizo hasta llegar a una pequeña sala redonda en la que había pequeñas camas de paja alrededor. En ella solo se encontraba un chico Orgalc, parecía tener la edad de Preta. Aunque en ese momento no lo pudo saber pues estaba profundamente dormido.

– Él es Kyro, un gran amigo de los fundadores, los del Gremio Sombrío mataron a su padre cuando era un crío estando él delante… – Comentó Kletus en un susurro. – Mejor no le menciones nada de lo de Lard… Le tenía mucho aprecio, si llega a enterarse de lo que hizo… Incluso a mí me cuesta creerlo…

Preta asintió con mala cara. No quería proteger a esa traidora.

Se acostó en una de las camas, se durmió en unos segundos y dejó de pensar. De nuevo volvió a entrar en la nada. En Nada. Aún me cuesta creerlo. ¿Cómo este Orgalc que he creado hará tan poco para mí puede entrar aquí sin problemas?

¿Hola? – Sentí su voz en mí Nada y entonces sí que me preocupé.

¿Ahora también puedes hablarme?

– ¿Por qué no iba a poder hablar en mis sueños? – Entendí entonces que ni siquiera sabía lo que estaba ocurriendo.

Eres un curioso Orgalc… Eres el primero que ha llegado hasta aquí por voluntad propia y también el primero que consigue hablarme.

– Mis sueños son cada vez más raros…

Tranquilo, haré que pasé rápido, tienes una misión que cumplir.

No quería hablar con él, nadie habla conmigo a no ser que yo lo decida. Su trabajo es entretenerme con su vida, no hablar y explicármela.

Hice que durmiese hasta las tres de la madrugada, cuando la sombra que ahora cubría todo el reino atrapaba todo atisbo de luz. Cuando ni siquiera las antorchas podían utilizarse para ver en la gran oscuridad. Cuando solo los Orgalcs podían llegar a ver. Entonces, le desperté.

Se levantó tranquilo y miró a su alrededor, en la habitación tan solo estaban Kletus y Kyro, cada uno dormido en su cama.

Vio una nota en el baúl que había a los pies de su cama:

Ponte esto, te ayudará a camuflarte en la noche

– Kletus

Abrió el baúl y encontró un uniforme completo del Grupo Sombra, llevaba chaqueta, capucha, pantalones largos, una botas realmente silenciosas y tenía la opción de llevar máscara también, aunque a Preta no le gustó la idea y la dejó en el baúl.

Se lo puso todo dejando su anterior ropa en el mismo baúl y miró con agradecimiento a Kletus. A pesar de estar dormido, parecía intranquilo. Estaba teniendo una pesadilla. Preta se acercó con cuidado, y le acarició el hombro. No quería despertarle, pero si quitarle de aquel mal sueño. Y lo consiguió.

Salió de la guarida desde la entrada secreta del mausoleo, vigiló que no hubiese nadie alrededor y salió cuando la puerta estuvo completamente cerrada.

Caminaba despacio, medio agachado, haciendo el mínimo de ruido posible para así estar alerta de todo a su alrededor. Al fin y al cabo aún estaban en la segunda Guerra Negra.

Se dirigió al centro de la ciudad. Caminó cerca de las paredes, sin cruzarse con nadie, con miedo de hacerlo. Llevaba toda su vida evitando la noche, sabiendo que estaría en riesgo de muerte si salía en la más absoluta oscuridad. Y aun así, antes pudo dormir tranquilamente y hablar conmigo en sueños.

La carnicería de Sloan se encontraba en una pequeña plaza. Tenía grandes ventanas desde las que se podía ver el interior, y le podrían ver a él desde el exterior.

Miró en la parte trasera y entró forzando la cerradura de la puerta que había en ella. Para ello estuvo un buen rato, y deseó entonces que fuese tan tarde y que todos estuviesen durmiendo.

Dejó la puerta medio abierta cuando entró y miró por la sala, buscando el libro de cuentas. Se encontraba en al almacén donde guardaba toda la carne, así que abrió la puerta que tenía delante y buscó con cuidado.

Terminó encontrando el libro en el piso superior, en la sala contigua a la habitación de Sloan desde la que se escuchaban sus grandes ronquidos.

Abrió el libro y empezó a borrar y a escribir números, tampoco tenía la obligación de hacerlo todo exacto, pero él se tomó su tiempo y lo hizo. Estaba tan centrado que ni se enteró de que Sloan había dejado de roncar.

Cuando ya había modificado más de lo suficiente, empezó a notar un extraño olor a pollo quemado. No se lo pensó y salió de allí. Bajó las escaleras y salió por donde había entrado sin mirar por los ventanales. Al salir, oyó a su espalda el sonido característico del fuego en una fogata. Y su curiosidad pudo con él.

Se giró y se dirigió a través del callejón hasta la plaza y horrorizado entendió el extraño olor.

En medio de la plaza se encontraba una gran fogata que estaba llena de cadáveres humanos que se iban quemando con el fuego. Los brazos y las piernas se iban descomponiendo poco a poco y se separaban de sus cuerpos. En la cima de la gran montaña de cadáveres y madera se encontraba el cuerpo de Sloan, aunque eso Preta no lo sabía. Su cabeza le colgaba y a penas se aguantaba en su cuello, pues se lo habían cortado casi por completo. Cuando el fuego llegó hasta él, descompuso la poca piel y el poco músculo que lo aguantaba y esta cayó rodando hasta los pies de Preta.

No pudo soportar lo que vio y olió y salió aterrorizado de allí. Sin entender cómo había llegado esa pila de cadáveres y arder sin que se enterase.

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