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La Segunda Guerra Negra Quinto Capítulo: Entrenamientos

Sinopsis:

En este nuevo capítulo de “La Segunda Guerra Negra”, Kletus se dedica a explicar las bases de la hoja oculta y el robo a Preta después de que la intensa charla que tuvo con Imbiz.

Capítulo:

Kletus lo miró sorprendido, con rabia por haber dicho tales palabras y se defendió cómo pudo:

– Si crees que así podrás llegar a hacer algo no vas a durar mucho chico…

– Eres menor que yo… – Susurró Preta.

– ¿Has dicho algo? – Gruño Kletus.

Preta negó con la cabeza y dejó que Kletus continuase con su “clase”.

– Si llevas la hoja oculta en la parte inferior del brazo, te será más fácil atacar de sorpresa, podrás agarrar la cabeza de tu oponente y así deshacerte del cadáver rápidamente. Con la cuchilla arriba no podrías hacerlo tan fácilmente, y además se te notaría mucho que llevas algo ahí, no tendrías tanta sorpresa.

Kletus se acercó a un maniquí y le acarició la cara tiernamente, entonces activó la hoja y esta se clavó en el cuello del maniquí.

– Prueba a tu manera si quieres, pero sin riesgo no hay victoria…

Entonces Preta, con su hoja oculta colocada arriba de su brazo se acercó detrás de un maniquí, activó la hoja y golpeo con todas sus fuerzas en su cuello.

Una gran risotada se oyó delante de él. Preta miró entonces al maniquí y vio que la hoja ni siquiera se había clavado en él.

– Deja de hacer el ridículo y prueba de hacerlo bien anda…

Con rabia, se colocó la hoja oculta de la manera que le había enseñado y entonces volvió a probar. Esta vez la hoja sobresalía muchísimo más y conseguía clavarse sin problemas.

– Veo que en el tema del ataque sorpresa estás un poco flojo. Pensaba que los Orgalcs cómo tú llevabais la matanza sorpresa en la sangre… Vamos a ver cómo llevas el tema del robo. Sígueme. – Le ordenó mientras se dirigía al final del gimnasio. – Esta zona está pensada para entrenar el movimiento rápido, correr sin chocarse con los demás por ejemplo. Ahora vamos a ver cómo se te da robar sin que los demás se enteren.

Kletus le llevo hasta 3 maniquís bien vestidos, los cuales estaban rodeados de finos hilos y campanillas.

– Nuestros fundadores no tuvieron tanta suerte a la hora de practicar el robo, ellos se tuvieron que jugar el cuello para llegar a ser lo que son, pero creen que no todos deben pasar por lo mismo… – Dijo con algo de desaprobación. – Por ello se inventaron estos maniquís, están llenos de monedas, colgantes, pulseras y demás cosas valiosas que debes coger sin tocar los hilos, el más mínimo toque harán sonar las campanillas, lo que simboliza que la persona se habrá dado cuenta del robo. Venga, ponte a “robar”.

Se acercó al maniquí de la derecha, miró sin tocar y vio un bolsillo con monedas. Acercó su mano con cuidado, yendo lo más lentamente posible. Pero la campanilla sonó igual.

– No entiendo cómo Zolock te ha elegido…

Preta hizo caso omiso y estuvo practicando horas allí, rabiando cada vez que escuchaba una campanilla, esforzándose lo máximo para que no sonaran. Pero estas no paraban. Cuando se dio cuenta estaba solo. Kletus se marchó sin que se enterase, y se permitió sentarse a descansar.

Con la tranquilidad y la calma a su alrededor le apareció de golpe la tormenta. Un recuerdo fugaz de sus padres fue más que suficiente cómo para que este se derrumbase y empezase a llorar desconsoladamente. Estaba solo… Se dice que la angustia y la ansiedad aparecen en momentos de calma, ya que en otros momentos de tensión vuestro cuerpo está demasiado ocupado cómo para pensar en él mismo. Pero una vez ese momento pasa, todo lo que habíamos estado guardando aparece de la nada.

Preta no era distinto a los demás, llevaba ya tiempo guardando para sí mismo todo el dolor que sintió al ver a sus padres. Y eso lo estaba matando por dentro, debía hacerlo salir y así lo hizo. Kletus entró de nuevo y lo vio llorando desconsoladamente. No dijo nada, simplemente se sentó a su lado, haciendo que Preta se apoyase en su hombro. Dejando que este llorase más aún y dejase salir todo el dolor que llevaba acumulando.

Pasó minutos así, llorando sin parar, tanto que hasta Kletus se preocupó de que se secara. Cuando se calmó, no pudo hablar, pero no hizo falta:

– Uno suele creer que puede aguantarlo todo… – Empezó a decir Kletus. – Yo lo pensaba cuando era un crío… No sé donde nací, ni quienes son mis auténticos padres y viví oprimido durante toda mi infancia… Hice algo horrible en aquel momento. Pensé que así podría sobrevivir… Que al menos él no sufriría más… Pero solo me pasó el dolor a mi y yo lo he estado sufriendo en su nombre.

Preta secó sus ojos verdes mientras escuchaba a Kletus, el cual iba acariciando su pelo azulado:

– Llegué a creer que lo que hice estuvo bien. Que no había otra manera. Pero siempre estaba alerta, nunca podía dormir y si lo conseguía parecía que solo hubiese dormido durante unos segundos. – Continuaba explicando Kletus. – No importaba donde estuviera, mi mente siempre estaba alerta, por lo que no podía desahogarme… Hasta que se fue. – Preta le miró a los ojos, intentando entender que le pasaba por la mente. – No te avergüences de llorar, es un mal necesario que nos ayuda a sacar toda la mierda que pasa por nuestra mente.

Quizás si yo hubiese sacado toda la mierda en su momento no estaría tan loco ahora…

Capítulo Siguiente: En Proceso

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