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El Grupo Sombra Capítulo 10: La Tragedia

Era un día tranquilo en el orfanato Media Luna. En él había un aura de paz y armonía que no había en ningún otro lugar de Zunvra. Los niños y niñas tenían a Yuna, que era como una madre para ellos. No por nada se ganó el mote de Yuna la Amable. A pesar de la gran tragedia que fue la reciente muerte de su esposo, supo como apoyarse en los pequeños que estaban a su cargo y con su ayuda mutua pudieron crear una familia.

Muchos eran los niños que no querían irse cuando venían desconocidos a buscar mano de obra barata. Muchas veces se escondían o suplicaban a Yuna que no les dejase marchar. Estaban en un mundo cruel y el único refugio que conocían era el orfanato de Yuna la Amable. No iban a arriesgarse con lo desconocido, era demasiado peligroso, todo el mundo lo sabía en ese pequeño refugio.

Hubo un caso particular que conmocionó mucho a Yuna, una pequeña Orgalc de ojos morados lloraba desconsoladamente. El hecho de que una pareja de poderosos de su misma especie no podían tener hijos hizo que quisieran adoptarla. Según le contaron a Yuna, llevaban muchos años intentándolo, habían ido a visitar a muchos chamanes y ninguno había podido ayudarles. ¡Incluso llegaron a pedirle ayuda para procrear a los humanos! No podían soportar la vergüenza y como último recurso, decidieron recurrir a la mentira y decir que la niña del orfanato era suya.

La Orgalc no veía que yéndose tendría una vida mucho mejor que la que tiene ahora. Que podría tener un futuro con dicha familia. Dicha familia no buscaba mano de obra, buscaban a una hija a la que cuidar y amar. Pero ella no lo veía, lo único que podía ver, era que se separaría para siempre de su verdadero amor.

Yuna las había visto varias veces juntas, a pesar de ser esta una humana, no tenían ningún tipo de vergüenza en mostrar su afecto, y Yuna las animaba por ello. Su marido, que en paz descanse, también era un Orgalc y Yuna entendía perfectamente el dolor de no poder amar a quien quería. No quería que los niños tuviesen esa mentalidad tan anticuada, tan retrógrada que tanto daño hacía a la sociedad. Sabía que los demás las repudiarían por ello, pero se consolaba al pensar que al menos sus pequeños no habían caído en el profundo y oscuro pozo del odio.

Por ello, cuando Yuna vio a sus pequeñas abrazarse mientras lloraban desconsoladamente, sabiendo que no volverían a verse nunca más, Yuna no pudo contener sus lágrimas tampoco.

Las tres se abrazaron en presencia de la pareja, ellos lo vieron todo, y no pudieron soportar el dolor de separarlas. Decidieron llevarse a las dos pequeñas, para que estas no tuviesen que separarse nunca.

Yuna miraba como estás subían al carruaje con una alegría inmensurable dibujada en sus rostros. Entonces, está gritó sin parar, horrorizada y más que asustada.

Lard estaba tendida en el suelo. Un gran dolor le venía de la nuca, y notaba que la sangre le goteaba de la oreja. Las pocas ventanas que había se habían roto en mil pedazos. Rotas por unas botellas que aún dejaban ir un extraño humo amarillo, un poco asfixiante aunque con un olor extrañamente agradable.

Un extraño olor a tierra húmeda que hizo recordar a Lard. Respiró tranquila esa extraña colonia, sintiéndose así con una paz que pocas veces sentía. Recordó la primera vez que tuvo contacto con Imbiz, recordando como sobrevivieron al frío que causaba la gélida lluvia de la noche, cavando cercana una a la otra, rozando sus cuerpos para generar calor. Aguantando las lágrimas, y abrazándose mutuamente. Esperando no morir una vez acabaran.

– ¡Lard! ¡Por favor! ¡Despierta! – Escuchó ella aún sin saber que ocurría. – ¡Por favor Lard! ¡Tú no!

Lard terminó de abrir los ojos poco a poco. Imbiz estaba delante, tenía rastros de sangre en su cara y los ojos llenos de lágrimas que no pararían de salir. Ni siquiera paró de llorar cuando se dio cuenta de que Lard había vuelto con ella. Se abrazaron, llorando desconsoladamente sin creerse que aún estuvieran juntas.

Lard notó una mano en su hombro. Era Ozk, aunque no el Ozk que conocía. No era el niño feliz con el que había compartido la vida. Este Ozk parecía no tener luz alguna en su interior. Un pequeño niño que había perdido todo tipo de inocencia.

Tenía el cuello y el pecho empapado en sangre. A causa de un corte en forma de “S” que tenía en su rostro, del cual aún le brotaba sangre.

– ¡Ozk! ¡Por Zolock! ¿¡Qué te ha pasado?! – Preguntó Lard al verle.

Él la miro, le negó con la cabeza y después la abrazó con lágrimas que caían en su herida provocando así más dolor. Lard no entendía nada. Imbiz también estaba abrazándola, cuando Ozk le señaló hacía detrás.

Lard se acercó con miedo. Había una puerta medio abierta, en la que se podía escuchar llantos desconsolados. A cada paso que daba, más se temía lo que vería allí. A cada paso, más cerca estaba de la verdad que tanto le aterraba.

Se paró justo en la puerta, apoyó la cabeza en ella y esta se abrió poco a poco, en ella vio cómo Kyro lloraba desconsoladamente, en frente de un cuerpo tapado por una sabana ensangrentada. La congoja que acumulaba aumentó y su llanto volvió. Corrió hacia él, gritando. Preguntándole el motivo de su ida con ella. Culpándose por haber venido. Odiándose a sí misma y al Gremio Sombrío por sus decisiones.

Tanto Imbiz como Ozk estaban a su lado, intentando consolarla de la manera que fuese. Pero ella ni los veía. Ella solo podía verse a sí misma, con las manos manchadas con la sangre de Yojer. La sangre que había salido por su culpa.

Bry y Lira se acercaron a Ozk e Imbiz, los llevaron de nuevo al salón donde Vik y otras chicas estaban limpiando todo lo posible. Cruzaron a la cocina y los sentaron en la pequeña mesa que había allí. Lira les dio un vaso de leche a cada uno y estos lo aceptaron con gusto.

– Dejadlos solos… Tanto el pequeño Kyro como Lard deben llorar su perdida. – Les comentó Bry mientras bebían. – Ahora no podemos hacer nada más que esperar.

– ¿Esto ha sido obra del Gremio Sombrío? – Preguntó Ozk.

– Tiene que ser así. Los guardias no utilizan estos métodos tan rastreros. ¡¿Cómo se atreven a tirar veneno?!

– ¿Y qué ha pasado con Yiber? ¿Dónde está?

– Se lo han llevado. Todo pasó muy rápido… Y tu pequeño, ¿Cómo te atreves a hacer algo así? ¡Podrían haberte matado! – le recriminó Lira.

– ¡Iban a matar a Lard! No podía dejar que le hagan daño…

– Ven aquí anda, voy a curarte esto. Aunque te aviso, te dejará marca. – le dijo Bry.

Este se levantó y se acercó a ella.

– Eres muy valiente Ozk, aunque no deberías serlo. Tan solo tienes 8 años.

– ¡Tengo 10! – Le corrigió.

– Aun así. Ahora mismo cualquier otro niño, incluso un hombre adulto, estaría llorando desconsoladamente. No tienes que hacerte el héroe. Ni el duro. No hace falta.

Entonces, Bry le abrazó. Esperando que este llorase y se desahogase, como cualquier otro habría hecho.

– Ya he llorado mucho. Me he encontrado con asesinas de niños, con una bruja loca que seguía las órdenes de un dios aburrido que hace sufrir a sus súbditos para divertirse, ¿Y ahora tengo que llorar por un corte provocado por un esbirro de un clan de asesinos? Se acabó. Se acabó el llorar por todo, se acabó el temerle a todo. ¡Soy uno de los fundadores del Grupo Sombra y no pienso dejar que me mangoneen así nunca más!

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