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El Grupo Sombra Capítulo 9: El Inicio de Todo

Yryamo se tuvo que separar del grupo una vez llegaron a Kormc, tenía asuntos pendientes que el emperador le habían encargado y ya había se había retrasado a causa del encuentro con Yojer y los niños. Él se adelantó y entró antes que ellos a la ciudad.

En todo el camino de ida, Ozk no le dirigió la palabra a Lard, y esta notaba su ausencia. Aunque no quiso decirle nada tampoco.

– Vale, ya estamos en Kormc, ahora… ¿Dónde podemos ir para encontrar a Imbiz? – Preguntó Yojer.

– Imbiz nos ha hablado muchas veces de la Posada Púrpura, al parecer su dueña quiere mucho a Imbiz y son muy amigas. Debemos ir allí, seguro que sabe que ha pasado. – Respondió Lard, decidida. – Aunque no sé muy bien donde está…

Lard se acercó a uno de los guardias, estaba sentado, hablando con su compañero tranquilamente, Lard pensó que le respondería tranquilamente, aunque al preguntarle, este respondió de una manera muy brusca.

– Tira para el centro cría y déjame en paz. – Le dijo él.

Lard vio una oportunidad y no dudó, le agarró una bolsa de cuero que tenía colgada del cinturón y se fue tranquilamente.

– ¿Por qué todas las furcias querrán ir a esa posada inútil? – Comentó este sin saber que le acababan de robar.

Lard se acercó a Yojer y le comentó lo ocurrido, y todos, se dirigieron al centro para buscar la posada.

Tanto Ozk como Lard caminaban en sintonía entre las personas, y a pesar de no dirigirse la palabra, se ayudaban entre sí a robar a los ciudadanos. Caminaban entre ellos como sombras en una calle oscura, invisibles a simple vista, silenciosos como la brisa, trabajando codo con codo sin ningún tipo de error. Su orgullo no lo permitió admitirlo, pero en ese pequeño instante, eran realmente felices.

Yojer llevaba a Kyro en su espalda, este dormía tranquilamente mientras su padre adoptivo miraba con asombro el espectáculo que creaban ellos dos. Para alegría de Yojer, Lard y Ozk tuvieron que parar por falta de espacio, aunque les hubiese encantado continuar. A pesar de disfrutar de lo que veía e impresionarse con ello, temía por ellos, sobre todo por Kyro.

Ya llevaban un rato buscando la posada, y por mucho que mirasen, no podían localizarla. Lard tuvo que volver a preguntar, esta vez le preguntó a una señora que tenía una pequeña parada de verduras y con mucho agrado le respondió con alegría.

Con sus indicaciones no tardaron en llegar y llamaron a la puerta. Nadie les abrió, pues la puerta estaba mal cerrada y empezó a abrirse poco a poco. No vieron a nadie y entraron preocupados. Yojer fue el primero en entrar y sin saber cómo, acabó en el suelo con dos mujeres aplastando su espalda.

– ¿¡Qué hacéis?! ¡Dejadle en paz! – Gritó Kyro, mientras Lard corría hacía ellas.

– ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? – Les preguntó una de ellas.

– ¡Venimos a buscar a Imbiz! ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está? – Les contesto Lard, preocupada.

Al oír el nombre de Imbiz, está bajó su fuerza y soltó a Yojer.

– Supongo que tú debes ser Lard… Lo siento amiga, aquí los hombres no suelen ayudar, no pensamos que vinieras con él. – Le comentó ella – Más bien dicho, no pensamos que vinieses con tanta gente.

Imbiz abrió una puerta al escuchar la conversación y corrió hacia Lard y Ozk al verlos. Por fin volvían a estar juntos y no pudieron evitar gritar de emoción. Después de todo lo ocurrido con Yiber, las demás se alegraron de ver que la alegría había vuelto a la posada.

Se apartaron los tres en una habitación y se pusieron a hablar de todo lo ocurrido.

– Lo siento, no tendría que haber venido… El contrato, era una trampa…

Los dos se alteraron a oír aquello.

– No Imbiz, no tienes que disculparte… ¿Qué pasó? ¿Estás bien? – Le preguntó Lard sin dejarla acabar.

– Sí. Bueno… Quizás… No lo sé… Han pasado muchas cosas… Y ahora mismo no estamos a salvo aún.

– ¿Cómo que no? ¿Por qué? – Preguntó Ozk.

Ella miró al suelo con una expresión sombría.

– He… Creo que he… He cometido un gran error… Si no lo hubiese hecho… Si simplemente hubiese escapado y ya…

– ¿Imbiz, qué ha pasado?

– Fue Prob quien envió el contrato… Conseguí escapar de él. La verdad aún no entiendo como, no me creo que Kiuz me haya salvado… Dos veces además… Acabé matando a Prob… Y si no fuese por Kiuz, habría acabado muerta yo también. Él me paró y pudimos escapar sin que nadie más nos viese…

Ozk se aterró al oír aquello.

– ¿Cómo que Kiuz te ha salvado? ¿Acaso ese también existe? – Comentó horrorizado, dando unos pasos atrás sin darse cuenta.

Ambas le miraron extrañadas.

– ¿A qué te refieres Ozk?

– Primero Vroya a órdenes de Zolock… Ahora me dices que Kiuz el dios de los humanos también está entre nosotros… ¿¡Cuantos monstruos tiene que haber en este mundo?! – Grito él con las manos en la cabeza

– Demasiados… Y los humanos somos los peores… – Le respondió Imbiz recordando su pesadilla.

Lard les miró a los dos sin saber como reaccionar, vio su expresión sombría mientras recordaban las calamidades por las que han tenido que pasar.

– Pero Imbiz… Si ese Prob ya no está. ¿Qué problema hay? – Preguntó ella.

Imbiz la miró, y les explicó lo sucedido:

– Ha venido Yiber y dos guardias suyos buscando respuestas… Y ahora mismo están atados y amordazados en otra habitación…

– ¿Cómo? – Preguntó Ozk incrédulo.

– Todo pasó muy rápido. Al principio nadie quería oponerse a ellos… Pero pegaron a Lira. Y entonces me encaré. No podía aguantar que le hiciesen algo por mi culpa… Al final pudimos con ellos, pero porque éramos muchas más.

– ¿Y cuál es el problema entonces? Si están atados, no podrán hacer nada.

– ¡Ozk, Yiber el Corrupto es el dueño de la ciudad! ¡La gente notará su desaparición y vendrán aquí con más guardias que no podremos retener!

Él se quedó blanco al oír esa posibilidad. No se imaginaba ninguna opción en la que pudiesen salir bien.

– Esto nos viene muy grande… – Admitió Lard. – Tenemos que hablar con los demás…

Los tres salieron cabizbajos y se encontraron con Lira, Bry y Vik hablando con Yojer, atosigando-le a preguntas y él respondiendo tranquilo, aunque con un notable cansancio.

– ¿Ya os habéis puesto al día? – Les preguntó Lira.

Ellos asintieron en silencio, sin saber qué contestar.

– ¿Qué vamos a hacer ahora Lira? Si no hubiese hecho nada… Ellos no habrían venido… No os habría puesto en peligro… – Comentó ella con una voz que te encogía el corazón.

– No Imbiz, te protegiste, me protegiste a mí, no debes culparte. – Le contestó mientras la abrazaba. – No podemos mantenerlos aquí, seguro que ha avisado a los demás guardias de que vendría aquí.

– ¿Y si los matamos? – Propuso decidida Vik. – Eso nos daría tiempo para prepararnos.

– Quizás… Pero seguramente nos traería más problemas que otra cosa. – Le contesto tranquila Bry. – Debemos hacer que no recuerden nada de lo ocurrido.

– Eso ayudaría, pero claro. ¿Cómo lo hacemos? ¿Les golpeamos la cabeza? ¿Los emborrachamos? – Se unió Lira.

Se pusieron a discutir que hacer, mientras los cuatro pequeños escuchaban asombrados con cierto miedo. Incluso Yojer empezó a dar ciertas ideas para nada tranquilizadoras.

Si no hubiesen estado tan metidos en la conversación, quizás se hubiesen dado cuenta de lo que estaba ocurriendo. Quizás hubiesen escuchado los pasos que escalaban las paredes y quizás, solo quizás, habrían podido evitar la gran tragedia.

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Capítulo 8: Pequeñas Verdades

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Capítulo 10: La Tragedia

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