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El Grupo Sombra Capítulo 8: Pequeñas Verdades

Al enterarse de la ubicación de Imbiz, Lard corrió hacia la salida de la ciudad oscura seguida por Ozk. Lard se despidió con prisa de Yojer, este ni siquiera pudo hablar con ellos para intentar persuadir-los.

Lard corría sin parar, imaginando infinitas posibilidades de lo ocurrido con Imbiz, mientras Ozk la perseguía intentando no perderla de vista.

– ¡Espera, no corras tanto, no sé por donde estamos! – Gritó él sin saber donde estaba la salida de la ciudad.

– ¡No te pares! Tú sígueme, no tenemos tiempo que perder. – Gritó Lard desde lo lejos.

Ella continuó corriendo mientras Ozk a duras penas podía seguirla. “¿Por qué corre tanto? ¿No ve que llevo demasiado tiempo sin parar?” pensaba él.

Ozk corría sin saber por donde estaban pasando. Sus últimos días habían sido demasiado horribles para él y quería parar y descansar, no correr de una ciudad a otra. Ella no paraba, y parecía que nunca se cansaba. A él en cambio, le pesaba el cuerpo y cada paso que daba era un suplicio para él, más aún si intentaba igualar la velocidad de Lard.

Sin que se diese cuenta, Ozk acabó en el suelo, magullado a causa de una piedra que lo hizo tropezar. Con lágrimas en los ojos y con el corazón roto, vio como Lard ni siquiera se giró para ver como estaba y continuó corriendo sin parar. Esa fue la primera vez que Ozk sintió cómo su corazón se rompía. Con todas las dudas que tenía ya en su mente, se le sumó la que más le dolió. Sin poder soportar más sus emociones, se echó a llorar en el suelo, llamando la atención de la gente que tenía a su alrededor, aunque nadie se acercó a él. él solo quería apoyo moral, no quería estar solo y nadie se acercó a él. Mucha gente pasó a su lado sin preocuparse siquiera, viendo cómo sollozaba y lloraba. Ni le dirigieron una simple mirada de pena. Sin duda los humanos sois escoria.

– ¿Estás bien? – Preguntó Yojer a su espalda.

Ozk miró al hombre ciervo el cual lo contrató, el mismo que lo envió hacia el bosque Berror donde hacía tan solo unas horas creía que iba a morir y no contestó a esa pregunta tan estúpida.

– P… Papa… ¿Dónde está Lard? – Preguntó un pequeño Orgalc a la espalda de Yojer. Ozk miró sus ojos y lo recordó del orfanato.

– ¡Lard se ha ido! – Le chilló Ozk – Ni siquiera se ha dado cuenta de que me he caído… ¡¿Por qué?! – Se preguntaba él con una voz llorosa.

Kyro se asustó ante la respuesta tan agresiva de Ozk y se escondió detrás de su padre adoptivo.

– Tranquilo, se debe pensar que la estás siguiendo. Ven conmigo, la alcanzaremos.

Ozk se intentó levantar con desgana, aunque su agotamiento le impidió hacerlo. Intentó levantarse y al hacerlo su cuerpo no aguantó y cayó de nuevo al suelo, rendido. Al verlo, Yojer lo levantó y lo llevó en su espalda. Ozk quiso negarse en un principio, aunque al final su agotamiento le venció y el balanceo del caminar de Yojer hizo que Ozk por fin durmiese y descansase profundamente.

Yojer, con Ozk a su espalda y con Kyro cogido de la mano se dirigieron a la puerta de la ciudad. Se encontraron tres guardias bloqueando la salida, y a Lard chillándoles para qué la dejarán salir.

Los dos guardias estaban protegiendo la puerta con una postura recta y firme, protegidos por un casco y unas mallas de hierro tintadas con un tono morado. En su mano izquierda tenían un escudo redondo pintado con el emblema de Zunvra en ellos. De su grueso cinturón colgaba la funda para su espada, la cual parecía que tenían ganas de desenvainar.

A pesar de su imponente aspecto, Lard se encaraba con ellos sin ningún tipo de miedo. En su mente solo tenía una única preocupación y era capaz de hacer todo lo que sea con tal de aplacarla. Yojer se dio cuenta de ello y decidió actuar antes de que se complicaran más las cosas.

– ¡Lard hija mía! Por fin te alcanzo. No debes correr así por la ciudad y dejarme atrás. – Dijo él desde su espalda. – Perdónala, no tiene paciencia. Su madre tuvo que marcharse por trabajo y hoy por fin podemos ir a verla.

– ¿Y el crío de tu espalda? ¿Qué le has hecho? – Preguntó con un tono amenazador.

–¡Por Zolock! Nada por su puesto. – Dijo rápidamente. – He tenido que cuidar de él desde que era un bebé, me lo encontré un día en la calle y es tan hijo mío como estos dos pequeños. – Les mintió sin dudar.
Ozk se había despertado, observaba tranquilo la situación desde su pequeña fortaleza. Aunque no se atrevía a mirar a Lard a la cara.

Los guardias se mostraban reacios a dejarlos marchar, pues no parecían convencidos de las palabras del joyero.

Un hombre de pelo canoso apareció a la espalda de Yojer y le saludó alegremente:

– ¡Yojer viejo amigo, cuanto tiempo! ¿Qué está pasando aquí?

– Yryamo, pues si cuanto tiempo. El señor hace ya mucho que no requiere de mis servicios… – Comentó él con pena. – Quería salir de la ciudad con estos pequeños, aunque estos guardias nos lo están poniendo difícil…

– ¿¡Cómo os atrevéis a no dejar salir al mejor joyero de toda la ciudad?! ¡Apartaos ahora mismo de en medio si no queréis formar parte de la Mezquita de Zolock! – Amenazó con rabia.

Los guardias se apartaron con miedo al oír sus palabras y se disculparon sin dudarlo. Ozk miró a ese extraño hombre con curiosidad, sin saber que fue él el segundo hombre que lo cogió en brazos en su corta vida. Yryamo le miró a los ojos y un pequeño recuerdo le vino a la mente, aunque no consiguió ligarlo al día en el que entregó a Ozk a las manos de Yuna la Amable.

– ¿Y estos pequeños Yojer? No sabía que habías vuelto a adoptar. – Comentó Yryamo al salir de Zunvra.

– Hace poco que están conmigo… Cuando Kyro me contó lo que vivió con Yuna reuní lo suficiente para poder salvar a otros dos pequeños…

– Si… Yuna tiene demasiado poder sobre esos pequeños… Si no se hubiese casado con el general Ezkada, Yulo no le permitiría dichas maldades… – Comentó él con pena. – Recuerdo un día que tuve que ir a llevar a un pequeño allí… Fue una extraña noche. Sin saber como, alguien consiguió entrar en el Castillo de Zunvra, no robaron nada, ni intentaron dañar a nuestro señor… Solamente dejaron a un pequeño bebé con unas horas de vida… Yulo no quiso saber nada de él, y me ordenó llevarlo con Yuna… Aún recuerdo las caras de miedo, mezclado con esperanza que tenían unos pequeños que se despertaron y se atrevieron a preguntar el motivo de mi llegada… Pobres pequeños, ojalá pudiese hacer algo por ellos.

– ¿Alguien pudo entrar en el castillo sin que nadie se diese cuenta? – Preguntó Lard emocionada. – ¿Cómo es posible?

– Ojalá lo supiéramos… Nunca se llegó a encontrar a nadie, ni pudimos encontrar ningún tipo de evidencia y por mucho que interrogamos a los guardias nadie vio absolutamente nada fuera de lo común.

– Señor… ¿Quién es ese tal Ezkada? – Preguntó Ozk, aún encima de Yojer.

– ¿Yuna nunca os habló de él? – Preguntó extrañado.

– No señor… Yuna no paraba de pegarnos… Más a Lard, y a mí por ser su amigo… ¿Ezkada es el señor que está pintado en el cuadro de la entrada del orfanato?

Yryamo le miró con pena, y tardó un momento en contestarle:

– En efecto, es él. Ezkada fue un general muy respetado en el ejército, a pesar de que la Guerra Negra ya acabó y se firmó la paz entre las especies, hubo varios grupos de radicales que aún querían luchar. Fue él quien descubrió la mayoría de las células terroristas y siempre era el primero a la hora de ir a detenerlos. Además, fue él quien incorporó por primera vez a los Orgalcs entre sus filas.

– ¿Qué puso a Orgalcs como yo a trabajar con él? Si es así… ¡¿Cómo es que Yuna me odia tanto?!

– Supongo, pequeña, que te mereces una respuesta… No te va a gustar, pero es así… Yuna conoció a su futuro esposo gracias a un orgalc de sus filas… Ella… Bueno… Ella antes no odiaba a los orgalcs como tú, les envidiaba y quería estar el mayor tiempo posible con ellos, le encantaba observar vuestros preciosos ojos. Se enamoró de uno llamado Treybor, el cual era la mano derecha de Ezkada. Aunque sabía que su relación era imposible, pues si aún hoy en día el resentimiento es alto, más aún lo era por aquel entonces… Por ello, acabo casándose con Ezkada….

– ¿Se casó con alguien que no quería? Eso no puede ser. Con lo que hizo… No me creo que Yuna no quisiese al general. – Comentó Lard, recordando de nuevo el rostro desfigurado de Ybiot. – Le tenía que querer… Si no, ¡¿Cómo fue capaz?! – Acabó gritando ella.

Tanto Yojer como Yryamo se quedaron pasmados ante la reacción de Lard. Y se fijaron que Kyro y Ozk se aguantaban las lágrimas. Ambos se miraron mutuamente, y se acercaron a Lard con cuidado:

– Lard… ¿Qué pasó en el orfanato?

Lard miró los ojos amarillos de Yojer y dudó en contestar.

– Tranquila pequeña… Sabes que puedes confiar en mí. Te puedo ayudar.

Miró a Yryamo y luego a Kyro, quien también recordaba esa noche, hasta alzar la vista hasta Ozk, quien se había bajado ya de la espalda de Yojer. Fue él quién habló sin reparo.

– Estábamos hartos de Yuna y del crío al cual había adoptado. Él no paraba de pegarnos por ser amigos y a Yuna le gustaba eso… Lo tenía mimado y nunca le tocó un pelo, hasta esa noche… Queríamos que Yuna no nos pegase a nosotros, y le tendimos una trampa a Ybiot… Ella… Ella se enfureció más de lo que pensamos… E Ybiot… Ybiot acabó enterrado en el jardín… Él…. Recibió su merecido…

Todos quedaron impactados ante las últimas palabras de Ozk, e Yryamo se apartó unos pasos de él.

– ¿Estás diciendo que Yuna a matado ha un huérfano? – Preguntó con temor. – ¡Por Zolock, esto es demasiado! Ni siquiera Yulo podrá hacer nada si la gente se entera…

– Antes de eso… Muchos otros decían que había niños enterrados debajo del árbol… No llegaba a creerlos, hasta ese día. – Comentó Lard. – Ella lo mató a golpes, y luego me obligó a mí y a Imbiz a enterrarlo…

Kyro no mencionó palabra alguna, no podía pues había bloqueado dichos recuerdos y ahora, solo podía llorar en silencio. Yojer estaba junto a él, abrazándolo con una expresión sombría, sin entender como aquellos pequeños habían sufrido tanto. E Yryamo no supo cómo reaccionar, y pensó que en ese momento solo podía acabar su historia:

– Por el mismísimo Zolock… Cuanto lo siento… Quizás si Treybor no hubiese actuado así, todo habría sido mucho mejor… Fue por su culpa que el odio hacía los orgalcs nació y se desarrolló en Yuna… Él nos traicionó. Y mató con sus propias manos a Ezkada… Después de tanto tiempo luchando juntos, después de todos los lazos que formaron, de todos los secretos que compartieron entre sí… Lo mató semanas después de que se retirase y abriese el orfanato… Quería dejar la guerra de un lado y ayudar a los pequeños a encontrar un lugar en el mundo… Yuna, como sabéis, se tuvo que hacer cargo del orfanato, tuvo que aguantar una vida que no quería, por culpa de un traidor al cual una vez amó…

– ¿Y qué fue de Treybor?

– Le interrogaron y aceptó todos los cargos, aunque nunca dijo el motivo de su traición. Se le encerró en la prisión del Castillo de Zunvra y un día desapareció…

Lard le escuchaba con ganas, aunque no comentaba nada con el nuevo conocido. Pensó en la oferta de Yojer más seriamente después de escuchar que dos personas pudieron entrar o salir del castillo sin problemas.

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